1 de junio de 2009

Atravesando el país…aje

Con lo de los derechos de los trabajadores siempre he sido muy sensible. Quien me conoce lo comprenderá. Por lo tanto no voy a pronunciarme contra la decisión de unos “trabajadores de la justicia” de iniciar medidas de presión en la lucha por las “reivindicaciones laborales” que plantean. Lo que ocurre es que a partir de cierto nivel no comprendo la asunción del estatus de trabajador a quien se arroga el de patrón cuando le viene en gana. Y los jueces están en ese punto (ganado a pulso de oposición y concurso, cierto) en el que su derecho queda supeditado a su privilegio.
Y está claro que quien tiene en sus manos (según nuestro sistema legal) la libertad y vida de los demás no puede esperar el mismo trato que quien pone ladrillos para su casa. Y mucho menos esperar que sus errores (que pueden serlo) signifiquen lo mismo que una tubería cegada y reponible. La vida de inocentes (o culpables) no tiene NINGÚN precio y quien yerra en su juicio público debe pagar por ello ya que la sociedad pone en su mano todo el peso de la ley con todas las consecuencias. Y resulta despreciable que el colectivo, por corporativismo miedoso, se movilice para lavar su cara con reivindicaciones pejigueras respecto a su responsabilidad. La suciedad en los locales de la administración de justicia no les preocupa a ellos (tanto) realmente. Ni la falta de medios informáticos. Su responsabilidad (absoluta) está en la elaboración y redacción de los autos, sentencias y demás. Si la máquina de escribir carece de cinta tiene muy poco que ver con que un pederasta convicto ande suelto. Vamos, me lo parece a mí.

© José Antonio Ferrández

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