15 de noviembre de 2010

Para Fátima; para los discrepantes.

He leído un post en Facebook con un par de comentarios (los primeros, luego se van a otra cosa) que me han dado pie a unas pocas reflexiones relacionadas con calzador al asunto de origen.

No veo mayor problema en que autores de comics (dibujantes y guionistas) formalicen personajes femeninos desde originales masculinos, por encargo o por idea propia. Eso sí, siempre sin perder de vista que los personajes suelen ser arquetipos y su sexo puede ser más circunstancial que formal. Por eso, si el personaje, el guión, el dibujo, la ambientación son originales y no meras transcripciones al universo "chica", no tiene porque haber reparos.

Pero ponerle mallas (es un chiste) a Thor sin que ello aporte nada de nada a una historia original, entretenida, divertida, didáctica, etc. etc. no hará que me moleste en darle más que un vistazo si los "monigotes" son de buena calidad. Pero ¿como se feminiza a Silver Surfer o The Thing?.

Y supongo que la intencionalidad política de la feminización está descartada en cualquier caso ya que muchos de esos personajes "masculinos" denotan una ideología suficientemente progresista (quizás más humanista y ecologista) como para ser acreedores del perdón por el pecado de masculinidad.

Y al final podría quedar todo en un esperpento de transexualización (nada peyorativo) más digno de un vodevil que de un drama cósmico.

Ese es un error imperdonable en cualquier ámbito social. Y eso, decirlo, puede ser políticamente incorrecto pero no deja de ser cierto.

Si un comic (o tebeo como les gustaba llamarlos en los ochenta a los puristas de "la línea clara") tiene éxito como es concebido; si una organización (club) social logra reconocimiento en su espacio desde su iniciativa primera; si un partido político atrae, por su ideología, a un número mayor de votantes que cualquier otro; si un programa de televisión acapara audiencias por su originalidad y frescura; si un presidente elegido democráticamente por los ciudadanos propone un gobierno con determinada composición: ¿qué fuerza de la naturaleza podría hacer cambiar las propuestas primeras?

En unos casos por pura praxis mercantilista: si un personaje triunfa, su trasunto también puede hacerlo; hay un público que no nos compra y debemos llegar a él.

En otros por que en lo social si una iniciativa da resultado, siempre habrá quienes crean que la contraria también.

En otros porque el vigente equilibrio entre grandes partidos se cree que solo puede romperse con iniciativas superficiales o populistas sin pensar en las probables consecuencias a medio y largo plazo sobre el poso ideológico de la organización; algo que no tiene mucha importancia en partidos de derechas, ya se sabe, pero en los progresistas es ciertamente erróneo.
En otros por expreso egoísmo de los propietarios de los medios y total agotamiento de ideas frescas en quienes proponen iniciativas televisivas (¿como es posible que algo como GH vaya por la edición 12?).

En los últimos por un ignoto prurito de compensación o por un falso equilibrio sociológico, y en el peor de los casos porque hay que hacer un reportaje para un suplemento de un periódico nacional de gran tirada (y mucha influencia económica) y las fotos deben ser atractivas ¿?.


Y para remate final: ¿Por qué nadie reclama versiones masculinas de Valentina, Heidi, Blancanieves, Betty Boop, Cenicienta, Alicia, La Bella Durmiente, Madame Bovary, Casandra, Lolita, Vampirella, etc. etc..





© José Antonio Ferrández

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